Ese malnacido, embustero, embaucador y encima pintor mediocre de Bassano me las pagará todas juntas. Quien se ha creído que es. Cuando me lo cruce va a saber con quien se ha metido.

Pintarme a mí como prestamista en ese cuadro. “La expulsión de los mercaderes por Jesús en el Templo”. No tiene derecho. Yo que solo consigo el poco dinero que tengo, trabajando incansablemente en mi taller.

Que aunque me hago cotizar es porque lo he ganado a pulso.

Si, es verdad que muchas veces y debido precisamente a la gran cantidad de trabajo, éste lo realizan mis alumnos aunque acabe firmando los cuadros yo.

Si, también es verdad que los cobro como si fueran enteramente míos y que incluso a veces por encima de su precio pero, hay que contar que mis pupilos también quieren comer y me cuestan un dinero.

Mis casas, si lo se, son suntuosas y en lugares preciosos pero son fruto de mi obra. Es verdad que las he adquirido a mejor precio y en ello, me ha ayudado la influencia de mis clientes, Duques, Condes y hasta el Emperador pero ha sido con mi talento con lo que me he ganado su confianza.

Todos ellos dicen que soy el mejor pintor de esta época. He pintado de todo, retrato, paisaje, temas mitológicos y religiosos. Que culpa tengo yo que mi pincelada suelta y colorista tenga éxito entre los grandes señores y que para ellos tener un cuadro mío sea símbolo de nivel social.

Si, no lo niego, ahora que el Emperador Carlos se ha retirado y reina su hijo Felipe le he escrito ofreciéndole mis servicios en una carta un poco lastimera aduciendo a mi edad. No soy tan viejo, pero espero que esa pequeña treta y los retratos de su padre, ayuden a que también sea generoso conmigo.

Y hablando de generosidad, que me tiene que decir ese Bassano de los frescos de Santa Maria de la Salute en mi ciudad, Venecia. Los hice por muy poco dinero, casi los regalé a mis conciudadanos. Sé que no les gustan demasiado pero, al fin y al cabo, fueron un regalo.

Que sepa ese Bassano que yo, Tiziano Vecellio, soy llamado “el sol entre las estrellas” aludiendo nada menos que al último verso del  libro del Paraíso, en la Divina Comedia del maestro Dante.

Por algo será….

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