En España y en la mayoría de países hispanoamericanos todos tenemos dos apellidos que corresponden, el primero al de nuestro padre y el segundo al de nuestra madre. En cierto modo, estos sustantivos añadidos a nuestro patronímico dan una información muy extensa sobre nuestro pasado.

Los genealogistas, con esa información, consiguen en muchos casos, ahondar en nuestra historia particular.

A Joaquín Torres García, su primer apellido lo llevó de niño a volver al país de donde era originario su padre. Uruguayo de nacimiento, volvió a muy corta edad a España y en concreto a Mataró, a Catalunya donde pasó gran parte de su juventud. Donde aprendió a pintar y donde obtuvo sus primeros trabajos. Pero el apellido y su país de acogida acabaron por obligarlo a marchar. Por eso digo que su primer apellido no le trajo ninguna alegría.

La mala suerte se ha cebado en todas las obras que realizó. Como si de un mal fario se tratara, todo lo que realizó en los años que estuvo afincado aquí, ha desaparecido de una u otra forma. De este modo, uno de los artistas más influyentes en el arte contemporáneo americano no ha dejado apenas rastro en nuestro país.

De una manera en cierto modo curiosa, las obras de Torres García han ido desapareciendo una tras otra. Los frescos de la Diputación de Barcelona en el Salón de San Jorge que le encargó Prat de la Riba presidente de la “Mancomunitat” a la muerte de éste, su sucesor, Puig i Cadafalch las hizo encalar y pintar encima.

Y de ese modo, fueron también destruidas por uno u otro motivo, todas sus obras. En el convento de Sant Agustí Vell en el Raval, la Divina Pastora en Sarria (a las nuevas monjas no les gustaron sus frescos), y en el propio Ayuntamiento de Barcelona. Hasta Gaudí con el que colaboró en los vitrales de la Sagrada Familia le aconsejó que lo dejara y se dedicara a la Docencia….

En el Museo Reina Sofia por suerte, todavía se conservan los frisos de una casa particular de la Bonanova en Barcelona, la Casa Rialp.

Todo esto lo explico porque soy promotor inmobiliario. Acabo de comprar la casa donde vivió el artista en Terrassa con su esposa Manolita Piña y sus hijos Olimpia, Augusto, Ifigenia y Horacio, “Mon Repós”.

De estilo neoclásico, con detalles de tipo griego es una mansión extraordinaria de la que pensaba hacer el centro de una urbanización con más de 4.500 viviendas. Se la adquirí a la Caixa de Terrassa que era ahora su propietaria. Las pinturas del lucernario ya fueron quitadas en su día y parece ser que deambulan de aquí para allá.

Cuando he empezado a hacer las obras de rehabilitación la casa se ha derrumbado y solo me ha quedado la fachada.

Todo esto lo explicó repito, porque ahora acabo de comprender que el apellido “Torres” y su origen por ese lado solo le trajo mala suerte al creador del Taller Torres García y el “Arte Constructivo” pieza fundamental del Arte Contemporáneo hispanoamericano.